Nadie es la patria. Ni siquiera el jinete
que, alto en el alba de una plaza desierta,
rige un corcel de bronce por el tiempo,
ni los otros que miran desde el mármol,
ni los que prodigaron su bélica ceniza
por los campos de América
o dejaron un verso o una hazaña
o la memoria de una vida cabal
en el justo ejercicio de los días.
Nadie es la patria. Ni siquiera los símbolos.
Nadie es la patria. Ni siquiera el tiempo
cargado de batallas, de espadas y de éxodos
y de la lenta población de regiones
que lindan con la aurora y el ocaso,
y de rostros que van envejeciendo
en los espejos que se empañan
y de sufridas agonías anónimas
que duran hasta el alba
y de la telaraña de la lluvia
sobre negros jardines.
La patria, amigos, es un acto perpetuo
como el perpetuo mundo. (Si el Eterno
Espectador dejara de soñarnos
un solo instante, nos fulminaría,
blanco y brusco relámpago, Su olvido.)
Nadie es la patria, pero todos debemos
ser dignos del antiguo juramento
que prestaron aquellos caballeros
de ser lo que ignoraban, argentinos,
de ser lo que serían por el hecho
de haber jurado en esa vieja casa.
Somos el porvenir de esos varones,
la justificación de aquellos muertos;
nuestro deber es la gloriosa carga
que a nuestra sombra legan esas sombras
que debemos salvar.
Nadie es la patria, pero todos lo somos.
Arda en mi pecho y en el vuestro, incesante,
ese límpido fuego misterioso.
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martes, 25 de mayo de 2010
jueves, 29 de enero de 2009
Zambita del musiquero

En esas noches, por Manogasta,
cuando la luna se quiere machar,
le roba a los montes zambitas de antaño
que viejos violineros solían tocar
Te juro, bombo, que si mañana
con el regreso nos pagara Dios,
bailarán los viejos sintiéndose changos
cuando a mi pago humilde le cante con vos.
ESTRIBILLO
Zambita que traes cantares de ayer
sembrando mishquilas de arpas...
Canten vidaleros, toquen violineros
que la manogasteña no se hai de escapar
A veces pienso por dónde fueron
las zambas viejas que supe aprender,
esas que mi abuelo en quichua cantaba
con coro de coyuyos al atardecer
Si en los senderos mi luz se apaga,
no creas, tierra, que no hei de volver,
junto con el canto dolido del monte
del brazo con la noche te recorreré.
Letra y música: Canqui Chazarreta
Una hermosa zamba. A mi criterio,del repertorio folclórico que conozco, la que guarda una poética más sublime. De ella hicieron versiones Los Fronterizos, Los Chalchaleros, Los Hermanos Ábalos, Horacio Guarany, Hernán Figueroa Reyes, Los de Salta y sigue la lista...
Curiosamente, todo quien la ha cantado le ha cambiado parte de la letra (ej. musiqueros en lugar de violineros en el estribillo y en la primera estrofa le roban, l'eh robao a, etc. o también la traducción de mishquila -dulzura- en su lugar). Para mí, la versión original está perfecta y es la que más guarda unidad de sentido del texto, aunque se escuchan opiniones.
sábado, 21 de junio de 2008
La patria (Julio Cortázar)

Esta tierra sobre los ojos,
este paño pegajoso negro de estrellas impasibles,
esta noche continua, esta distancia.
Te quiero, país tirado más abajo del mar, pez panza arriba,
pobre sombra de país, lleno de vientos,
de monumentos y espamentos,
de orgullo sin objeto, sujeto para asaltos,
escupido curdela inofensivo puteando y sacudiendo banderitas,
repartiendo escarapelas en la lluvia, salpicando
de babas y estupor canchas de fútbol y ringsides.
Pobres negros.
Te estás quemando a fuego lento, y dónde el fuego,
dónde el que come los asados y te tira los huesos.
Malandras, cajetillas, señores y cafishos,
diputados, tilingas de apellido compuesto,
gordas tejiendo en los zaguanes, maestras normales, curas, escribanos,
centrofordwards, livianos, Fangio solo, tenientes
primeros, coroneles, generales, marinos, sanidad, carnavales, obispos
bagualas, chamamés, malambos, mambos, tangos,
secretarías, subsecretarías, jefes, contrajefes, truco,
contraflor al resto.Y qué carajo,
si la casita era su sueño, si lo mataron en pelea,
si usted lo ve, lo prueba y se lo lleva.
Liquidación forzosa, se remata hasta lo último.
Te quiero, país tirado a la vereda, caja de fósforos vacía,
te quiero, tacho de basura que se llevan sobre una cureña
envuelto en la bandera que nos legó Belgrano,
mientras las viejas lloran en el velorio, y anda el mate
con su verde consuelo, lotería del pobre,
y en cada piso hay alguien que nació haciendo discursos
para algún otro que nació para escucharlos y pelarse las manos.
Pobres negros que juntan las ganas de ser blancos,
pobres blancos que viven un carnaval de negros,
qué quiniela, hermanito, en Boedo, en la Boca,
en Palermo y Barracas, en los puentes, afuera,
en los ranchos que paran la mugre de la pampa,
en las casas blanqueadas del silencio del norte,
en las chapas de zinc donde el frío se frota,
en la Plaza de Mayo donde ronda la muerte trajeada de Mentira.
Te quiero, país desnudo que sueña con un smoking,
vicecampeón del mundo en cualquier cosa, en lo que salga,
tercera posición, energía nuclear, justicialismo, vacas,
tango, coraje, puños, viveza y elegancia.
Tan triste en lo más hondo del grito, tan golpeado
en lo mejor de la garufa, tan garifo a la hora de la autopsia.
Pero te quiero, país de barro, y otros te quieren, y algo
saldrá de este sentir. Hoy es distancia, fuga,
no te metás, qué vachaché, dale que va, paciencia.
La tierra entre los dedos, la basura en los ojos,
ser argentino es estar triste, ser argentino es estar lejos.
Y no decir: mañana,
porque ya basta con ser flojo ahora.
Tapándome la cara
(el poncho te lo dejo, folklorista infeliz)
me acuerdo de una estrella en pleno campo
me acuerdo de un amanecer de puna,
de Tilcara de tarde, de Paraná fragante,
de Tupungato arisca, de un vuelo de flamencos
quemando un horizonte de bañados.
Te quiero, país, pañuelo sucio, con tus calles
cubiertas de carteles peronistas, te quiero
sin esperanza y sin perdón, sin vuelta y sin derecho,
nada más que de lejos y amargado y de noche.
Pertenece a un ciclo de poemas iniciado por Cortazar en 1950 que se publica en 1955 con el Titulo “Razones de cólera”. Es un poema que siempre me impresionó con mucha fuerza, que descubrí tarde después de la adolescencia y, en verdad, me hubiese gustado mucho crecer con estas palabras resonando.
Vaya para todos los que creen que, sin idioteces, todavía la tierra de los ancestros merece la pena.
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